El juego no es solo una forma de entretenimiento para los niños: es una necesidad vital y una herramienta fundamental para su desarrollo emocional y psicológico. A través del juego, los niños expresan lo que sienten, procesan experiencias, exploran roles sociales y aprenden a resolver conflictos.
Desde la psicología infantil, se reconoce el juego como un espacio seguro donde los niños pueden ensayar situaciones de la vida real. Jugar favorece la empatía, la comunicación, el autocontrol y la toma de decisiones. Además, permite canalizar emociones como la ira, la tristeza o el miedo, muchas veces difíciles de expresar verbalmente.
Padres y docentes pueden fomentar el juego libre, evitando el exceso de actividades dirigidas. También es valioso participar ocasionalmente en el juego del niño, no para dirigirlo, sino para acompañarlo con presencia y validación emocional.